¿Cuál es tu plan? Es una pregunta que, casi con seguridad, te has hecho —y te han hecho— varias veces en la vida. Aparece cuando sales del colegio, cuando te gradúas de la universidad o cuando te quedas sin trabajo. En este último caso, la respuesta suele ser casi automática.
Dices que vas a buscar un nuevo empleo. A esperar a que alguien te contrate. A aceptar que otra persona decida cuánto valen tus horas, cuánto puedes ganar y bajo qué condiciones. Así reacciona la mayoría de las personas, y no hay por qué sentirse culpable por ello.
Sin embargo, detrás de esa espera pasiva se esconde una verdad incómoda: cuando no tienes un plan propio, pasas a formar parte del plan de otra persona. Dependes de que alguien quiera contratarte, retenerte o pagarte un salario.
Esa relación funciona mientras tu talento le resulta útil a una organización. Mientras encajas en lo que la empresa necesita. Pero ¿qué sucede cuando cambian las prioridades? ¿Qué pasa cuando ya no eres imprescindible o cuando tu cargo deja de ser rentable?
Sigues siendo parte del plan de alguien más, pero ya no a tu favor. Llegan los recortes, el despido y la pérdida del ingreso. Y vale la pena recordarlo: para la mayoría de las personas, el trabajo es la principal —o única— fuente de dinero.
Por eso es clave tener tu propio plan. Un plan financiero que no dependa de decisiones externas. Un plan que te dé margen de maniobra, opciones y control. No se trata de dejar de trabajar, sino de no vivir sin dirección ni estrategia.
Fondo De Emergencia O De Seguridad
Ese plan financiero te da libertad y hace que dejes de ser la “ficha” en el tablero de otros. O que, cuando te saquen del juego, al menos tengas un poco más de seguridad financiera. El plan tiene varias dimensiones.
Una de ellas es la construcción de un fondo de emergencia o de seguridad. Los expertos dicen que este fondo debe ser equivalente a tus ingresos de un año, como mínimo. Si ganas 1.000 USD mensuales, entonces tu fondo debería ser de 12.000 USD.
Tener este fondo te garantiza la sobrevivencia durante un año si te quedas sin ingresos. Te permite cubrir tus gastos vitales o mínimos mientras mejora tu flujo de caja. Por eso debe ser parte de tu estrategia financiera.
¿Qué pasa si ves complicado ahorrar esa cantidad? Empieza ahorrando paso a paso. Trata de que este año, por lo menos, ahorres lo correspondiente a un mes de gastos. Ve alimentando el fondo en la medida de tus posibilidades.
Sé constante con este ahorro. Y no lo uses para lo que no es. Cuando menos lo pienses, verás que cuentas con este colchón financiero. Tendrás un plan propio cuando ya no tengas cabida en el “plan” de otra persona.
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¿Cuál Es Tu Plan? Potencia Tus Ingresos

Emprender puede estar en tu plan financiero – Hyenuk Chu | Fuente: Unsplash
Para que no dependas de los planes de los demás, en especial los financieros, tienes otra alternativa a la mano. Esta es generar ingresos adicionales a tu salario. Puede ser al tener un trabajo secundario, sacarles un provecho económico a tus hobbies o emprender.
Entre más altos sean los ingresos que generes por esa vía, mucho mejor. Pero lo más importante es que te sirvan como “salvavidas” cuando, por la razón que sea, pierdes tu ingreso principal.
Tener ingresos adicionales te permite sobrellevar los gastos mientras tu flujo de caja vuelve a tomar impulso. Y te ayuda a evitar caer en deudas derivadas del pago de esos gastos básicos. Nunca debes depender de una sola fuente de ingresos.
Sumado a esto, la clave está en recuperar el flujo de ingresos que perdiste. Lo positivo es que puedes hacerlo tranquilamente y sin sufrir cuando tienes tu propio “salvavidas”. Entender esto es importante.
Nadie tiene por qué llegar a resolverte los problemas. Apóyate en quienes quieran darte una mano. Pero reconoce que eres el único responsable de la consecución y la administración de tus recursos económicos.
Invierte Desde Temprano Y Nunca Pares De Invertir
Existe otra alternativa que te ayuda a prepararte para tener tu propio plan. Y para dejar de ser parte del plan de otros. Esta es invertir en activos de renta fija o renta variable. Entre ellos, los depósitos a término, las acciones, los ETFs y los inmuebles.
Como en los anteriores casos, lo mejor es que estas inversiones las hagas antes de tener el agua al cuello. Es decir, que te prepares en las épocas de bonanza, en vez de gastarlo todo. Así estás listo cuando tu situación económica flaquee.
No te apresures a invertir justo cuando el dinero te falta. Esto puede generarte mayor estrés. Y está comprobado que puede conducirte a errores y pérdidas de dinero. Piensa en invertir cuando tengas excedentes.
Así, si tus ingresos se reducen, tienes este otro colchón financiero. Y beneficiarte de los rendimientos. O puedes vender ciertos activos para cubrir gastos esenciales mientras tu bolsillo se recupera.
En cualquier caso, recuerda que detrás del manejo del dinero debes tener una mentalidad adecuada. Esto es pensar en la gratificación a largo plazo. Y en el bienestar más que en el gasto irresponsable o desmedido de dinero.
- ¿Cuál es tu plan para dejar de ser parte del plan de otros?
- ¿Qué tan comprometido estás con llegar a esa meta?
- ¿Cuál de las tres estrategias financieras mencionadas ya pones en práctica?


